Hace 25 años se transmitió el primer capítulo de la icónica serie Friends

Escrito porel septiembre 22, 2019

Fue concretamente el 22 de septiembre de 1994 cuando la cadena estadounidense NBC emitió el primer capítulo de Friends, una serie que cambió la comedia televisiva para siempre. Como subraya Carlos Pott en el libro Sitcom: la comedia en la sala de estar (Ed. Lengua de Trapo), una de las señas de identidad de este formato es que «el salón en el que se ve la televisión es el mismo que ésta muestra». Y ahí surge la primera revolución de Friends: hay salón, pero la casa tradicional que hasta entonces había dominado la escena de las sitcom clásicas se reemplaza por un moderno apartamento de Manhattan.

«El tema central de Friends es el nacimiento de una comunidad que reemplaza la verticalidad de la familia», apunta, por su parte, Manuel Guedán en el mismo libro. «Al contrario que en Los problemas crecenPadres forzosos o Blossom, en Friends los padres no son un cálido y estable núcleo en el que buscar apoyo cuando las cosas se complican», añade el escritor. O como resumió la propia Marta Kauffmanmadre de la criatura: «Friends trata de esa época de la vida en la que tus amigos son tu familia».

Efectivamente Friends gira en torno a un concepto universal como es la amistad y afronta un tema recurrente en la ficción: el complicado paso de los jóvenes a la edad adulta. Pero lo aborda con una mirada que revela el cambio de paradigma social que llegó en los 90. El salto a la madurez en ese tiempo es un proceso más largo y complicado de lo que había sido en épocas anteriores. Los jóvenes pasan por la universidad, se independizan antes de formar su propia familia y se buscan entre iguales para recorrer ese camino transitorio.

¿Pero cuál fue la clave del éxito de Friends? La respuesta parece un misterio alquímico. Es verdad que aborda un tema universal como la amistad con el que es sencillo identificarse, pero ¿qué serie no trata de un tema universal? «Su encanto puede que sea la mezcla de unos guiones muy potentes, unos personajes que molan y un cásting acertado», resume en conversación con este diario Alberto Caballero, creador de comedias como Aquí no hay quien vivaLa que se avecina o El pueblo. «Hay muy poquita gente que pueda escribir guiones tan afinados como los de Friends y todos sus actores tenían muchísimo carisma», incide el productor y guionista español.

FENÓMENO GLOBAL

Con estas bazas Friends consiguió triunfar por todo el mundo. En España su irrupción coincidió con el nacimiento de las cadenas privadas y su visionado contaba con la satisfacción añadida de poder disfrutar de uno de los pocos contenidos en abierto que ofrecía Canal+, una moderna ventana codificada para la mayoría de la audiencia y en la que los pequeños resquicios de acceso gratuito añadían un incentivo para mirar.

Friends fue no sólo una de las series de televisión más vistas, sino que se convirtió en un fenómeno cultural de los años 90. Como recuerda la periodista estadounidense Kelsey Miller en su libro I’ll be there for you (Ed. Harper Collins), el corte de pelo de Rachel fue copiado por más de 11 millones de mujeres sólo en Reino Unido, según un estudio que realizó una empresa de productos capilares. «La serie se convirtió en un referente estético de primer orden», constata Miller: «Había salido del ámbito de la televisión para extenderse por todas partes». De pronto, la gente de diferentes países empezó a vestir como estadounidenses de veintitantos años, tenía empleos inestables y quedaba para pasar el rato en una cafetería.

«Era la serie definitiva de la Generación X», apunta Miller. Según opina la periodista americana, Friends venció a otras series porque, pese a sus tramas a menudo absurdas y sus planteamientos imposibles, «reflejaba la vida real de la gente corriente, sólo que un poquitín mejorada». Su tono excesivamente edulcorado era producto de su época. Los 90 estaban dominados por el optimismo generalizado. Eran los EEUU de Bill Clinton. «Una época de lujos asequibles, en la que la gente empezó a pedir un café extragrande con leche desnatada y sin espuma en lugar de un simple café», resume Miller: «Se despidió de las pantallas la Alexis Carrington de Dinastía, con su bata de pieles y su mansión de 48 habitaciones, y llegó Mónica Geller, con su chaqueta de GAP y su apartamento de alquiler de dos habitaciones».

 

Fuente: El Mundo


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